El gran obelisco clavado como daga en el centro de la ciudad lo acredita en dos de sus laterales. Un lado recuerda a Juan de Garay, el otro a Don Pedro de Mendoza, primer fundador de la Ciudad. Grandes y abundantes también son los monumentos otros homenajes a estos nefastos personajes.
Por Emilio Mendoza
La historia oficial condena al olvido la resistencia indígena, como los nuevos estados reprimen el presente y condicionan el futuro de estas mismas comunidades.
De los años de la primera fundación nos queda una crónica del alemán Ulrico Schmidel, que dice “Allí hemos levantado un asiento que llamamos Buenos Ayres…hemos encontrado un lugar de indios los cuales se han llamado Querandís… nos han traído durante catorce días su escasez en pescado y carne y solo fallaron un día”.
El conquistador Don Pedro de Mendoza, encargó salir buscar a los indígenas para recriminarles el no haber traído su comida. El trato con que estos oficiales se dirigieron a los indígenas fue tan humillante, que fueron apaleados por los nativos antes de dejarlos volver al fuerte.
Ante esto Pedro de Mendoza no vaciló y envió a su hermano Diego “con trescientos hombres… a que dieren muerte y cautivaran a los Querandís”.
Pese a que “se han defendido muy valientemente” aproximadamente mil indígenas cayeron bajo las balas del invasor. No obstante, la respuesta de los Querandíes no se haría esperar y luego de intensas jornadas de lucha, a fuerza de lanzas, piedras y sitiando el fuerte, lograron derrotar al imperio más poderoso de aquellos tiempos.
Tristemente, hoy la historia de la Ciudad, que le tiene reservados lugares de privilegios a estos conquistadores, mantiene calladas estas historias de resistencias que dignifican a nuestros antepasados.

