En 1996 vio la luz el disco que cambió de sonido y lírica. La historia dice que la génesis de las grabaciones fue en Brasil, en el estudio Bipop de San Pablo. La “big band” se fue a tierras cariocas y los recibió Néstor Madrid, ex bajista de la banda y productor. Cuentan Del Mazo y Perantuono, en su extraordinario libro “Fuimos Reyes. La historia completa de los Redonditos de Ricota” que el allegado y ex integrante de la troupe ricotera insistió en que la banda recuperase el espíritu anárquico de los primeros tiempos”.
Por Gustavo Grazioli
“Fue una etapa fantástica, porque además de los equipos, pusimos un bar, televisión, sofás, almohadones, todo lo necesario. Estuvimos ahí durante veinte días, solos”, dice Madrid en el libro. Pero de aquella experiencia solo quedarían Mariposa Pontiac y Blues de la libertad, el resto de la grabación -que incluía una camada de temas viejitos: Nene nena, Un tal Brigitte Bardot o Roxana Porcelana”- fue borrada de un plumazo por el Indio. Grabar todos juntos nunca lo terminó de convencer y entendía que ahí, en esas canciones, tampoco estaba Luzbelito. “A los quince días me entré a aburrir, que es lo peor que te puede pasar. Y dije: Acá no pasa naranja. Suena todo como la mierda. Y entonces nos volvimos”, dice Indio en Recuerdos que mienten un poco.
El destino, entonces, los puso en El Pie, el estudio de Alejandro Lerner, y a empezar todo de nuevo. Los fans se enteraron y se plantaron en la puerta. “Los desangelados”, mientras el país entraba en una recesión económica galopante y volvía a renovar su fe en Carlos Menem, esperaba por el sonido pagano que estaba echando raíces en un diablo fiero y solitario.
Este disco con la portada icónica de Rocambole, en el que se ve a a una especie de demonio con una vela en cabeza, fue un antes y un después.
Las canciones ya no querían comulgar más con los mandatos del rocanrol tradicional. “Yo no sirvo para los gestos conservadores”.
Hoy un disco que entró en la eternidad a un mes de la partida física de Indio.

