No entra una deuda más

Endeudado, empeñarse, entramparse, hipotecarse. Sin algunas de las palabras que nos sacan el sueño en tiempos de la economía criminal de Luis Caputo y sus secuaces financieros. Sacar un préstamo para pagar el anterior, pedir una ayuda a ese familiar que todavía safaba del mangazo, contar nuevamente en la billetera con la esperanza de que se multiplique mágicamente lo que queda de sueldo, son algunas de las disciplinas del pueblo argentino.

Por Editorial Sudestada

Porque 20 millones de argentinos poseen deudas activas con bancos, tarjetas de crédito y billeteras virtuales, y cerca de 6 millones se encuentran en situación de mora por no poder pagar sus compromisos. Una verdadera pesadilla. La falta de ingresos suficientes, en el mejor de los casos, arrastra a las familias a endeudarse para cubrir gastos cotidianos como alimentos, servicios y medicación. Mientras tanto, el gobierno y sus socios políticos engordan sus cuentas bancarias y anotan otra casa a su declaración jurada, y los empresarios aliados festejan emborrachados de tanto ganancia por el trabajo ajeno.

¿Y los endeudados? Implosionan por no llegar con otro vencimiento y se intoxican en la meritocracia más idiota, se envenenan tragando saliva con la cabeza en la almohada, con menos ganas de un nuevo día para arrancarle una moneda a la perra vida.