Por una suma de entre U$8.500.000 y U$10.000.000, Boca tira su honra a los chanchos y contrata al violento Sebastián Villa.
Por Caro Fernandez
El futbolista fue condenado a 2 años y un mes de prisión en suspenso por los delitos de “amenazas coactivas y lesiones leves agravadas por el vínculo en contexto de violencia de género”. La víctima fue su pareja en ese momento, Daniela Cortés.
El 27 de abril de 2020 en su domicilio de Canning, tras una discusión, Villa la agredió físicamente (golpeándola en la frente, brazos y rostro) y luego la amenazó con atentar contra su vida y la de su familia.
El Juzgado Correccional N°2 de Lomas de Zamora lo declaró culpable en junio de 2023. La Cámara de Apelaciones confirmó la pena en 2023.
Entre esta denuncia y la condena, en mayo de 2022, Villa sumó una denuncia por su, entonces nueva pareja, Rocío Tamara Doldán por abuso sexual con acceso carnal ocurrido en junio de 2021. Llevar adelante un proceso judicial por violación en contexto de pareja es demoledor, si a esto le sumamos que el abusador es famoso y tiene poder económico, muchísimo más. En octubre de 2025, Villa fue absuelto NO POR inocente sino porque la denunciante desistió de la acusación.
Villa encabeza la lista de jugadores que hoy derraman sangre y semen en las canchas de nuestro país, y, en una lista paralela, jueces y juezas acomodan las condenas, absoluciones y sobreseimientos al tamaño de la billetera. Sebastián Sosa, Brian Cufré, Abiel Osorio, Florentín Bobadilla, Thiago Almada, Gonzalo Montiel, Facundo Medina son algunos más.
Mientras linchamos machirulos por generar vínculos violentos y nos llenamos la boca hablando de perspectiva de género, ellos, los que visten nuestros colores, guardan en sus calzones y en sus puños la carta de impunidad garantizada por un sistema judicial corrupto a más no poder.
El dicho popular reza: “ Por la plata baila el mono” y la pregunta que me hago y nos hago: ¿Por la gloria, bailamos todos?

