Gracias Querido Lío, por hacer llorar y reír a quienes amamos el fútbol, por jamás traicionar aquello que observo el maestro Eduardo Galeano: “Me gusta, sobre todo, porque Messi no se cree Messi, o por lo menos todavía no se cree Messi.
Ojalá que nunca Messi se crea Messi porque eso le permite jugar con la alegría de un pibe de barrio, como si fuera un chiquilín”. Aunque jugaste a otro deporte parecido al fútbol, nunca olvidaste la esencia del potrero de Rosario y llevaste la redonda atada como el juguete más preciado, y ahí nos invitaste a jugar hasta el último día. Gracias capitán.

