Nos prohibieron la bandera, los trapos, el “mapita” de las Islas y están los brazos de nuestro jugador de la selección ahí bien firmes levantando esta frase que es sentencia y es nuestra identidad: “Las malvinas son argentinas”. Se lo decimos al mundo y se lo gritamos a nuestro rival, los piratas que todavía siguen ocupando nuestra tierra.
Un acto de justicia. Un poco de reparación en un hecho que no puede ser solo fútbol cuando nos atraviesa el amor y la pasión por nuestros colores y nuestra soberanía.

