No nos acostumbremos

A qué te podés acostumbrar en estos tiempos helados y despojados de toda ternura. A qué te podes acostumbrar en esta costumbre otaria y ortiva de andar matando de frío y de hambre y de falta de sueños a las niñas y niños y a los viejos,pobres viejos separando monedas en sus asilos vacíos de todo.

Por Bernardo Penoucos
Pero a qué carajo nos vamos a acostumbrar mientras haya cuerpos latiendo entre cartones frente a la Rosada y a todos los ministerios que escriben palabras que no nombran ni visten ni curan a nadie.
A qué latido nos vamos a acostumbrar si la angustia y la desigualdad sigue siendo una de las prácticas democráticas más usadas y repartidas.
A qué, a qué te vas a acostumbrar, si tus hermanos se mueren de tristeza cuando siguen cerrando las fábricas y el changuito no junta comestibles en el súper sino cartones en la calle y la escuela deja de ser de tizas y libros y es una olla y un comedor y las terminales no son para despedir ni para recibir a ningun amor sino para protegerse de la helada que no entiende de esfuerzos y de macroeconomía.
A qué, a qué quieren que nos acostumbremos?o no saben todavía que la rabia sigue siendo combustible?o no saben todavía que la bronca marca el pulso y el puño la dignidad?
A qué, a qué te vas a acostumbrar?
No,no digo de hacer revoluciones imposibles, digo, por lo menos, que empecemos a temblar de indignación, todo lo otro más temprano que tarde terminará amaneciendo en sus frutos y sabremos que lo habremos intentado.
Por lo menos eso.

Editorial sudestada