A casi 8 años del femicidio político que le arrebató la vida a Marielle Franco la justicia de Brasil dictó la sentencia a 76 años de prisión para quienes planificaron intelectualmente su asesinato. La madrugada del 14 de marzo, un ex agente de la policia disparó sin piedad directamente a su cabeza. Su amigo y compañero Anderson Pedro Gomes, quien conducía el auto también fue asesinado.
Por Romina Moschella
En el fallo se enfatizó que se trató de un crimen político en el cual se cruzan las variables de racismo y misoginia.
Marielle estudiaba la militarización de la favela en contra del pacto democrático bajo una política de criminalización de la pobreza y concentración de la violencia policial amparadas en un “nuevo modelo de Seguridad Pública”.
¿Qué amenazas encarnaba Marielle?
Marielle no sólo era concejala, socióloga, aguerrida investigadora y defensora de los derechos humanos, especialmente de las mujeres afrodescendientes y del colectivo LGTBQ+. Era madre y amiga de su hija, hermana, hija de la favela da Maré y agradecida de su madre por haberla incentivado a estudiar, esposa de su compañera de vida, sororamente amiga, y docente de esas inolvidables.
Marielle era la esperanza encarnada de que una mujer negra, feminista, lesbiana, nacida y criada en una de las favelas más pobladas de Río de Janeiro podía llegar a la Universidad y ser concejala.
Desde su partida, su memoria habita las calles del mundo entre monumentos, placas recordatorias, grafitis, canciones, poesías, nombres de calles y festivales. Sus consignas tenían las bases de la resistencia cultural sembrada en la rua.
A pasitos de un nuevo 8M queremos recordarla con sus últimas palabras tomadas de Audre Lourde, “no soy libre cuando otra mujer es prisionera, aún si sus cadenas son diferentes a las mías”
Hasta Siempre Marielle!

