“Los nadadores”: una película sobre el colapso climático

“Los Nadadores” es el primer largometraje de la joven directora argentina Sol Iglesias SK que tendrá su estreno en el Festival de Cine de Málaga. Ambientada en una Buenos Aires apocalíptica, atravesada por una ola de calor extrema y días sin noche, la película sigue a un grupo de amigos que queda varado en la ciudad en medio del colapso social. Sin electricidad, con el país en éxodo y sin un rumbo claro, encuentran refugio en una mansión vacía con piscina en la zona norte. Lo que comienza como un oasis se transforma en una deriva inquietante, donde los protagonistas se infiltran de casa en casa en busca de agua, placer y supervivencia. En diálogo con Sudestada, conversamos con su Directora sobre el proceso de esta película.

Por Natalia Bericat

El cine está atravesando una situación muy crítica donde hay muy pocas obras que están logrando con mucho esfuerzo salir a la luz. ¿Cómo fue para vos llegar a esta, tu ópera prima, en este contexto?
La película, la verdad, fue algo que surgió a partir de un hilo de casualidades que se entramaron todas para funcionar. Estaba en la universidad, en la Facultad de Cine, y conocí amigos que les gustaban filmar, tanto como a mí, que eran un gran grupo de trabajo. Filmamos un par de cortos sin ningún tipo de presupuesto,. Yo dije “si se puede hacer cortos, se tiene que poder hacer una peli. El gran deseo de narrar y de querer contar una historia nos llevó a hacerla con los recursos que había a mano. Eso implicó también crear un esquema de producción particular, pequeño, tomando las herramientas que teníamos, que nos daba la universidad, y poniendo de nuestra parte, porque en principio era una escala muy pequeña, Éramos todos estudiantes. Desfinanciaron el INCAA y se volvió básicamente imposible poder filmar una película. Entonces, frente a eso, optamos por crear nuestro propio esquema de producción donde se filmasen ideas grandes, más que historias de alto presupuesto. Nos acomodamos a lo que había y no dejamos que, lo que no había, nos impida contar una historia.

Lo apocalíptico, el colapso climático y lo distópico conviven en este presente donde, como diría Solari, “el futuro llegó hace rato”. ¿Cómo se alimentó tu material de la cotidianidad donde parece que todo se va a terminar?
La verdad es que el contexto social fue lo primero que intervino, casi inconscientemente, como en todas las obras sobre la idea. Estamos en un momento en el que realmente el contexto es completamente desesperanzador. Es muy imposible pensar en el futuro: en comprar una casa, en tener una vida estable, en tener hijos para la mayoría de las juventudes principalmente; para el resto de las personas también es una gran dificultad. Creo que insertarse en el mundo, en el estado en el que está, hace que uno no pueda evitar pensar en el fin del mundo. Y no el fin del mundo como algo que se está terminando y explota todo y todos morimos, sino que yo creo que el fin del mundo no es que el mundo se termine y morir, sino que es que el mundo se termine y seguir viviendo. Entonces pasás a vivir en un posmundo, infierno, bastante terrible. Creo que, frente a eso, la película no es solamente sobre observar el fin del mundo, sino también es hacer una crítica al estado plenamente observacional de la gente frente al fin del mundo, que es una actitud muy indiferente, muy impotente, automática, como dando por hecho que las cosas son así. Entonces sí, es la impotencia frente a la indiferencia de la gente. Que se entrega mucho a la evolución del mundo. El ser humano es uno de los seres con más adaptabilidad, y eso es lo que nos ha vuelto muy grandes y muy horribles también. Nos adaptamos a cualquier tipo de cosa y me parece que la búsqueda de la película también es criticar un poco eso.

¿Por qué la juventud como sujeto social de tu película?
Me parece importante tomarla porque yo soy parte de la juventud; todos los que hicimos la película somos jóvenes. Entonces es hablar desde nuestro lugar. Pensaba en qué zapatos me puedo poner que yo conozca bien y son de la gente de mi edad. Y por eso, de hecho, también nosotros mismos, con mi colectivo de cine, actuamos la película. Definimos que teníamos que encarnarlo nosotros, que era nuestra la apuesta, que teníamos que hacernos cargo. De hecho, somos todos no actores, más o menos casi todos la primera vez que actuamos; solamente habíamos antes actuado en los otros cortos guerrilleros que habíamos hecho antes, guerrilleros en el sentido de que no tenían ningún tipo de dinero encima, y ahí se crearon sus personajes y continúan hacia la película, los personajes de los cortos.

Entonces me parecía que era muy importante que sean sujetos muy de carne y hueso, cercanos, palpables, que uno pudiese reconocerse en ellos como juventud, que no los vea con distancia. Y a su vez, también criticar la juventud porque si hay alguien que tiene la capacidad de cambiar el rumbo de las cosas, somos nosotros los jóvenes y yo creo que estamos sumidos en una cuestión que excede la indiferencia. Es como si estuviésemos sumidos en una disociación absoluta. Las tecnologías nos llevan a las disociaciones absolutas, donde es mucho más fácil pensar en individuo. El celular como mayor ente individualizante, más fácil pensar como individuo que como colectividad, que ya es casi imposible. Me parece que es necesario que hagamos una autocrítica como juventud, y también porque pienso mucho en que antes las juventudes eran las revolucionarias. Eran las que se lo cargaban en el hombro las causas sociales, las causas políticas, y hoy en día estamos frente tal vez a la primera juventud que no es rebelde, que no se revela de una forma real, de una forma palpable. Hay que ponerle atención, hay que hablar sobre eso.

Buenos Aires se transforma en escenario de una ola de calor extrema de días sin noches. ¿Cómo nació esta imagen?
La imagen nació principalmente por varias cuestiones. En gran parte porque la fantasía, a la que apuesta esta película, el tipo de fantástico que toma, es un fantástico más literario, más propio de los sesentas, de Silvina Ocampo, Borges, Bioy Cásares, donde el fantástico no es algo gigante que irrumpe completamente y que es de otro mundo, sino que es un enrarecimiento de la realidad que hace que uno sienta que está por fuera de la misma. Entonces es mechar la fantasía desde un lugar más cercano e incluso más siniestro porque no se plantea tampoco un tiempo específico en el que se esté dando esta historia. Deja más al espectador a que piense en qué tiempo es. No da tantas respuestas. En segundo lugar, porque me parece interesante el tiempo como una masa amorfa; una forma más tremenda, una gran forma de poder deformar la realidad es pensar en qué pasaría si nunca se hiciese noche. Si el día fuese eterno nunca te darías cuenta de cuándo pasan las horas, de cuándo pasa el tiempo. Se vuelve como una inconsciencia absoluta . Por otro lado por una cuestión de producción presupuestaria: querer narrar un fin del mundo y no tener plata para volar un edificio ni nada demasiado extravagante. Ahí es donde recurrís a formas más abstractas de modificar el mundo. Formas más poéticas si se quiere. Creo que también le da otro tinte y que hace que uno se tenga que adaptar y al adaptarse se crean cosas nuevas que son tremendas.

Leí que para vos el agua es como un gran útero. Justo en este momento, en que está en riesgo este recurso vital, ¿Cómo se resignifica en este material audiovisual?
En la película, el agua es un refugio. Pero es un refugio que tampoco alcanza mucho. Es como esta cuestión de dejar de vivir. Volver a útero también es morirse: es no haber nacido, que parece que es la única respuesta a la que pueden llegar estos personajes. O sea, es más fácil no haber nacido que enfrentar las cosas, que tratar de hacer algo al respecto.

El agua está empezando a cotizar en la bolsa, y nosotros estamos en muy poco contacto con los recursos naturales, con el agua que nos rodea, con las plantas. La ciudad es una jungla de cemento que te aleja muchísimo, que hace que, cuando te dicen que está prendiendo fuego la Patagonia, vos no puedas visualizar la dimensión que es un fuego prendiendo todo un bosque. O un cuerpo de agua siendo secado, siendo privatizado. No hay dimensión real sobre lo que significan estas cosas. El agua también es la emocionalidad, la sensación, el sentimiento. Creo que todo eso se fusiona y la película lo piensa. Estos personajes están lejos de sus emociones.

No importa nunca en la película por qué está haciendo la ola de calor esta. A los personajes no les interesa, no hay una preocupación. Las olas de calor tienen que ver inevitablemente con todos los problemas con el agua, con los bosques, con la naturaleza. Es una irregularidad que habla sobre el accionar humano sobre el mundo, y un accionar humano muy desconectado de su raíz y su naturaleza.

Prensa: Luz Espeche, Agencia