“Argentina está enviando unidades navales para ayudar a Estados Unidos a salvaguardar el tráfico marítimo internacional en el Estrecho de Ormuz”, sostuvo ayer en sus redes oficiales Marc Zell, vicepresidente de Republicans Overseas y presidente de su filial en Israel, afirmando que sí Argentina decide apoyar a Estados Unidos en el Golfo Pérsico, ese gesto debería tener una respuesta política.
En la misma línea que sus compañeros Waldo Wolf y el Canciller Pablo Quirno, la Senadora Patricia Bullrich dice a viva voz que la Argentina está yendo a la guerra, que está en guerra contra Irán con total impunidad en medio del recinto del senado. Para la genuflexa Bullrich “No nos estamos metiendo en una guerra ajena, estamos yendo contra alguien que atacó a la Argentina”, y poco le importa que aun continua el juicio por el atentado a la AMIA sin confirmarse la responsabilidad Iraní en la causa, o que el jucio por el ataque a la Embajada lo lleva adelante la Corte Suprema y se encuentra detenido.
La senadora no tiene reparos en omitir que los atentados contra la Embajada y la AMIA siempre se relacionaron con la posición del presidente Carlos Menem y su colaboración con la OTAN en la Guerra del Golfo. Ese mismo alineamiento de Javier Milei, que ebrio de guerra, odio y apetito por ganancias millonarias, empuja a la Argentina a una guerra a cientos de miles de kilómetros de donde los jubilados y discapacidades apenas sobreviven arrastrando la caja de una app de comidas y la otra porción del pueblo se hunde en deudas y la resignación mas profunda.

