Que le digan a Susana

Que le digan a Susana, los desesperanzados, que no vale la pena luchar. Que le digan que no vale el intento, la insistente búsqueda, la no claudicación, el gigantesco amor como motor, la herida abierta como grieta, los oídos agudos escuchando por fin se entorne la puerta de la calle, algún auto que llegue, la voz de su hija, los ojos odiosos del secuestrador.

Por Bernardo Penoucos

Que le digan a ella, a Susana, que ya pasó mucho tiempo y mucha agua bajo el río, que le digan a ella , justo a ella que es río bravo, fuerza que raja la tierra, agua pura que remueve las tripas del crímen organizado. Que le digan, que lo intenten. Que la quieran convencer a ella que su hija no está, que murió o que la mataron las garras del secuestrador, de la trata, del comercio como bandera. Que le digan a ella que no luche, que deje de buscar, que ya descanse, que ya la llore en silencio.

Que le digan a Susana, los cómplices y los conformistas, que haga silencio, que ponga una tumba, que vele el cuerpo que no tiene, que llore la muerte que no está, que despida a la hija que no se termina de ir, pero que tampoco termina de regresar.
Que le digan, que traten de convencerla.
Que lo intenten.
Que pierdan el tiempo que ella ha sabido amasar tejiendo luchas y memorias.
Que le conviden todo el miedo que quieran, si total ella ya lo perdió.
Si ya no tiene miedo ni tiene huequito donde quepa una lágrima más.
Que le digan que ya está, que la amenacen.
Que la quieran convencer.
Justo a ella.
Justo a ella, a Susana, la mamá de Marita Verón.

Editorial Sudestada