¿De qué sirve el arte sino es para hacer visible lo que muchos quieren ocultar? En un contexto donde no se habla de los genocidios en el mundo, ni de las niñas muertas en la escuela en Irán ni de la violencia del ICE en Estados Unidos y de las guerras que crean los que intentan enriquecerse con la muerte de miles, levantar la voz en un evento como la entrega de los premios Oscar es más que importante.
Con una insignia contra la guerra y un pin con el niño Handala en su pecho, Javier Bardem subió a buscar su premio a la mejor película internacional y dijo claro, corto y concreto: “No a la guerra y Palestina libre”. Ya había anunciado en la alfombra roja que iba a utilizar el altavoz para hablar de “las cosas que importan”y así lo hizo.
Le siguió el director de cine Joachim Trier quien parafraseó al novelista estadounidense James Baldwin: “Todos los adultos son responsables de los niños y no deberíamos votar a los presidentes que no tienen esto en cuenta”. El cine una vez pone luz sobre temas que es necesario poner en la agenda mundial. Que la guerra no nos sea indiferente, cantamos tantas veces en nuestro país. No se puede mirar para otro lado, mientras niños y mujeres siguen siendo asesinados.

