Un cuarto de siglo y todavía hay un alto rango de la bonaerense suelto.
A lo mejor jubilado, a esta altura.
No importa.
Al momento de someter a Natalia Melmann a desaparición forzada , tortura, violación para después ahorcarla con el cordón de su propia zapatilla, era miembro activo de la Policía de la Provincia de Buenos Aires.
Natalia tenía 15 años el 4 de febrero de 2001.
En la autopsia consta que intentó defenderse hasta el último segundo.
Se encontraron cinco perfiles genéticos que abusaron de ella.
Después de asesinarla, escondieron el cuerpo cuatro días. El objetivo era dejarlo pudrirse para borrar las pruebas.
El 8 de febrero la descartaron como basura en el vivero Dunicola.
A lo largo de todos estos años, si bien hablé infinidad de veces con su familia, especialmente con su hermano, la voz de Nahuel sigue gritando las mismas palabras.
El llanto es el mismo aunque se haya logrado que cuatro de los cinco femicidas estén presos.
Mientras escribo, escucho la voz de este hombre que hace veinticinco años era un pibe. Que pasó su adolescencia y vida adulta hostigado y amenazado por la policía. Y que todavía hoy, no puede hacer su duelo en paz:
“Escribí lo que quieras, Zule. Vos conocés bien todo. Un cuarto de siglo y seguimos intentando hacer justicia. Hay un quinto partícipe directo que camina impune. Una justicia que no quiere llegar a la certeza de quien fue ese responsable.
Nosotros seguimos transitando nuestro dolor y la angustia de saber lo que le hicieron. Los flagelos que nos aplica el sistema jurídico: Echenique con salidas transitorias. Echenique y Anselmini pidiendo la libertad.
El 4 de febrero le vamos a estar haciendo un homenaje en Minamar.
Como lo hicimos siempre.
Te quiero mucho”.
El 4 de febrero en Miramar, calles 21 y 28 a las 21hs:
NATALIA MELMANN, PRESENTE
Por Zuleika Esnal

