Agostina Páez es abogada oriunda de la provincia de Santiago del Estero, y además de ser férrea simpatizante de Javier Milei y su gestión, ahora posee una causa por injuria racial equiparada legalmente al delito de racismo en Río de Janeiro, con retención de su pasaporte, la imposición de una tobillera electrónica y la prohibición correspondiente para salir de Brasil.
La génesis del patético episodio ocurrió cuando la abogada discutió con la trabajadora de un restaurante por un supuesto error en el cobro. Fue así que la empleada señaló que Agostina Páez la llamo “negra” a modo de insulto y se retiró ofuscada a los gritos con sus amigos quedando en evidencia los gestos y gritos racistas, los cuales negó la abogada hasta la aparición del registro audiovisual que sentenciara su suerte en Brasil. “No quise hacerles las señas a ellos directamente. Era por la euforia, por el momento vivido, y era para mis amigas”, manifestó cobardemente la hija del empresario del transporte Santiagueño, Mariano Páez.
No hay lugar para el racismo ni el odio de estos chetos, hijos del poder. Ni un centímetro para sus sueños esclavistas de una Latinoamérica blanca, europea y colonial, sumisa y arrodillada para obedecer las órdenes del extractivismo, la timba financiera y la represión estatal. Esa es la batalla ancestral y una mínima revancha contra las Agostinas de la vida.

