La historia de Eric: el hidalgo valor de la vida

Contar una historia es entrar en una trama, en un tejido que va tomando forma a medida que se lo nombra. Con Eric fuimos hacia atrás, hacia su año y medio de vida. Como relámpagos en la noche, esos instantes, esos pliegues fueron trayendo recuerdos: una enfermedad, un donante que aparece, una avioneta, un hospital, un pueblo que lo vio nacer, una familia, un puñado de amigos con una sentencia: “vení que nosotros te vamos a cuidar”.

Por Natalia Bericat

Los Fundamentalistas del aire acondicionado cumplieron 20 años y este pibe, que nos emociona hasta el alma, cumplió un sueño: poder ir a su primer recital con sus amigos, asistir al pogo más grande del mundo con Indio hablando desde la pantalla gigante. “Nadie tiene la vida comprada. Trato de disfrutar la vida. Bendita sea la amistad”, fueron algunas de las frases que, entre lágrimas, nos dijo Eric Simonok con el corazón en la mano. Compartimos su relato con la certeza de que en las pequeñas imágenes que nos pasan por los ojos, en tiempos donde la digitalidad pretende devorarse todo, está lo importante.

Compartimos pasiones, banderas, canciones y gestos de amor. Compartimos la sangre que corre frente a aquello que nos emociona y nos arranca esas lágrimas trabadas en los rincones del cuerpo. En la resistencia está todo el hidalgo valor de la vida, dice el Mr. Que la fuerza que nace de los actos colectivos, nos llenen de momentos como este. Gracias Eric por tu humanidad.

Recuerdos que emocionan un poco
Empiezo al año y medio de vida, los dieciocho meses. Era el año 1991, donde me agarran convulsiones y diarrea, deshidratación. De urgencia, soy de Pihue, me llevan a la ciudad de Bahía Blanca. Allí me recibe la nefróloga infantil Laura Alconcher, párrafo aparte para Laura: eminencia a nivel mundial. Caigo de urgencia, cateterismo, internación. Laura me logra salvar la vida. Era momento cúlmine y a partir de ahí mis riñones quedaron atrofiados, quedaron estancados, y a medida que yo crecía, la demanda no iba a ser abastecida por mis riñones.

Mucha mucha dieta de por medio, muchos cuidados, mucha contención, mucha contención familiar, hasta que el año 2000, como estaba previsto, ingresaría en diálisis -en diálisis peritoneal – donde las diálisis me las hacía mi madre, en la habitación de la casa que en ese momento alquilábamos. Empezaron a estudiar a mi familia. Mi mamá era compatible conmigo para donarme, para que me done su riñón. Por esa casualidad de la vida, aparece un donante cadavérico en julio del 2000: “llegó el trasplante”. Llaman a las cuatro de la mañana del veinticinco de julio a mi casa. Ahí empieza un operativo para niños: agarrar mudita de ropa y salir para Coronel Suárez. Avioneta a Buenos Aires, aeroparque. De aeroparque, últimos estudios en La Plata, vuelvo a Buenos Aires, Ahí ingreso al Hospital Italiano, y me hacen los últimos chequeos y esperamos por el riñón. El riñón llega a la tardecita, noche, y a las diez y media ingreso a quirófano, donde salgo al día siguiente. A las dos y media de la mañana ya estaba trasplantado.

Quince días internado en observación. Dos meses viviendo en un hotel en Buenos Aires, chequeo todos los días en Hospital Italiano. Luego el alta y a mi pueblo, donde durante un año tuve que viajar en avión, una vez por mes a Buenos Aires, al Italiano para hacerme el seguimiento. De a poquito, todo fue encaminándose postrasplante. Tratamiento de medicación, lógicamente, tomaba dieciséis medicamentos aproximadamente cada seis horas. Con la evolución, que fue muy buena, no necesité de diálisis. Empecé otra vez a atenderme con Laura Alcorcher, quien me había salvado la vida en el año 91, y hacía todo mi seguimiento que fue cada más esporádico.

Nos merecemos bellos milagros
Y ahí empezó una historia nueva. Desde el trasplante hacia adelante hay un Eric nuevo. Hay un Eric con muchos corticoides, un Eric todo peludo, pero hay un Eric nuevo donde de a poquito empezó a disfrutar de una salud plena. Empezó a poder hacer deportes, empezó, obviamente, deportes sin impacto, porque yo no me puedo golpear, en su momento fue tenis, con el paso del tiempo me adapté al golf (tengo, mi abuelo y mi tío abuelo que son fundadores del club de golf de Pihue). Con el paso del tiempo, mi salud renal fue excelente hasta el día de hoy. Tuve otros tropiezos en el camino. Como te da la vida, te quita. Siempre digo lo mismo. Si este es el parque de diversiones, me encanta. Si esto es el viaje de egresados en términos de salud, estoy totalmente subido al bondi.

Ese trasplante me permitió hacer una vida normal. Me permitió disfrutar de un verano, disfrutar de un mate, disfrutar de meterme en una pileta. Si hubiese estado en diálisis peritoneal, no hubiese podido. Me permitió compartir amistades y pequeños detalles, como te decía anteriormente, que es disfrutar de un asado. Me permitió estudiar una carrera, que por distintos motivos no pude recibirme, y me permitió competir a nivel nacional e internacional, representando a la Argentina en el mundial 2015 en Argentina.

Mi madre iba a ser mi potencial donante. Por esas casualidades de la vida y vaya uno a saber, mi madre en 2014 se le presenta una enfermedad en los riñones. Fue rara: nunca supimos bien si era genética. Después de siete años en diálisis, lamentablemente. Eso es la importancia de la donación de órganos. Mi madre, de ser potencial donante, en el año 2000, en el 2014, pasó a ser receptora de necesitar un trasplante. El refrán está dicho, nadie la tiene comprada. Hoy trato de disfrutar el día a día.

La tribu de mi calle
Tema amistad: bendita sea la amistad. La verdad que tengo amigos de hierro que siempre me han cuidado. Tengo a Santiago, que es con el que fui al recital. Somos muy aferrados, muy codo a codo. Los dos hinchas de Boca, hemos compartido muchos momentos lindos. Me tocó compartir también este momento con él, que él era el que siempre me decía: la misa es una hermandad. Yo, como no me puedo golpear, nunca fui porque lógicamente no estaban dadas las condiciones para con mi salud. Por eso es que que no pude ir antes y se dio ahora.

Lo que respecta al indio, a los Fundamentalistas, también a los Redonditos en su momento, es algo inexplicable. No tengo palabras para explicarlo. Trasciende todo, No hay una explicación. Hay que vivirlo y lo pude vivir. Lo viví muy emotivo, muy sorprendido, me sorprendió totalmente toda esa comunión. Ir a pasitos ingresando al Estadio con él, con otro amigo más y con Santiago. La verdad que fueron momentos únicos. Me quedo con toda esa sincronización, con todo ese aura, con esa conexión. Desde la platea, miraba el campo y miraba el escenario, tanto en el blues como en el rock, y decía, “guauuu”: esto es algo único. Esta conexión es inexplicable.

Gracias a Luz Espeche y a Julio Leiva por tejer redes y conectarme con Eric. Gracias Indio por todo, siempre.